El vértigo de estar a punto de lograrlo
A principios de este mes envié mi Trabajo Final de Licenciatura a la Dirección de la carrera de Letras en la UNLaR para su lectura y evaluación por parte del tribunal. Había soñado tanto tiempo con adjuntar ese archivo de más de cien páginas en un correo electrónico. Y lo hice. Y al hacerlo, me invadieron mil sensaciones: El vértigo de no saber qué seguirá después, el vértigo de dejar de ser una alumna universitaria, el vértigo de atravesar un momento bisagra que tanto quise y que, igualmente, tanto me aterra.
La Andis tesista vieja chota que está por ser alguien de verdad
Al mismo tiempo, vengo teniendo sueños muy simbólicos. En uno estoy en el centro de una ciudad que no sé cuál es pero se parece a algún rincón de Córdoba o Catamarca. En el sueño sé que estoy en una ciudad extraña, siento que no es de donde yo soy. Es un día nublado y de mucha lluvia, las calles se vuelven ríos y no consigo transporte que me lleve. En un momento en que ya estaba perdiendo la fe del todo, avanza un colectivo acercándose a la vereda para hacer una parada y yo me subo. No pago el pasaporte porque no tengo con qué pero al chofer no le importa. En el viaje hay niños, jóvenes, adultos y ancianos. Dicen que este sueño recurrente representa el viaje de la vida y que, como en el colectivo, aunque sepamos o no hacia dónde vamos, el viaje no depende de nosotros.
La misma noche soñé que lloraba y me abrazaba una compañera del colegio con la que no teníamos precisamente la mayor cercanía ni cariño. Me decía que todo iba a estar bien y del cielo empezaban a caer un montón de monedas diferentes de distinto valor y llenaban el suelo de la escalera de monoblock en la que estábamos. Los vecinos y residentes que también charlaban ahí empezaron a pillar las monedas. Yo había sido la primera en reaccionar y recuerdo haber pensado “no, no puedo llevarme todo yo, voy a dejar unas monedas a propósito en el suelo como si no las hubiera visto para que las agarre otro"; así tal cual como solíamos hacer en los cumpleañitos cuando las piñatas no tenían mucho relleno.
Siento que estos sueños simbólicos se enlazan también con el presente y son acertijos que a veces descifro y a veces me cuesta. Siento que sigo en esa eterna búsqueda: La de un trabajo formal con un buen sueldo que me ayude a costear aquello que anhelo y que me presiona cada día como un terreno o casa propia, los aportes jubilatorios, la obra social. La de una oportunidad para seguir especializándome en lo que amo estudiar y crear, que es la poesía digital. La de continuar experimentando eternamente en cada obra artística que surge de mis manos: una reedición de Perreopoemas, ese poemario web que nació como ejercicio de un taller remoto que hice y que tantas alegrías me ha dado. La confección de cero de un nuevo poemario web que explorará las dolencias y padecimientos que he sufrido el año pasado. Caer en cuenta, este lunes 16 de febrero, que ya se cumplió un año de esa segunda luxación que derivó en mi primera operación y recuperación postquirúrgica. Entender que sucedió hace un año y que pude sobrevivir a todo eso. Que pude sobrevivir a un periodo tormentoso que duró estos últimos años: la pérdida de amistades que consideraba valiosas, el fallecimiento de mi papá, una cirugía que no pude posponer.
Y ahora, esto: Saber que puedo abrirme paso a nuevos proyectos como Partique o CorrectAndis. Dar continuidad a mis talleres de poesía y collage - a los que se sumó mi primer taller de vision-board a fines del año pasado. Crear respetando mi propio sentir y proceso sin pensar en lo que será interesante para el engagement y los insights. Abogar por una vida anti-IA, humana, padeciente, que hace rant con las propias manos, que escucha y respeta la opinión ajena a la vez que defiende su perspectiva con fundamentos. Que elige no marketinizar los propios hobbies.
Cuando empezó el año, pensé hacer un desafío de lectura de un libro por mes y reseñarlos en mis redes sociales. Pensé en seleccionar cada libro en base a los que tengo en mi biblioteca y que, así como compré, nunca leí. Luego, sin haber hecho anotaciones ni bosquejos del challenge, empecé en mi propia cabeza a elegir primero los libros más aesthetics, más reconocibles. Pensando y repensando si lo que hago lo hago por mí o para atraer a los demás, si de igual modo siempre que veo mi biblioteca (una experiencia real y un contexto real) considero que podría leer algunos de los libros ahí olvidados. Es muy difícil no dejar que esos criterios y pensamientos no gobiernen tu vida. Sigo pensando si hacerlo, díganme si les gustaría (igualmente ustedes saben que yo siempre hago lo que me da la gana, jaja, pero me encantaría saber qué piensan. Nuevo pensamiento: “Ya iría con Enero atrasado" —¿Por qué no puedo parar de relacionar mi performance en las redes con un castigo proveniente de esa gran masa enorme que es el algoritmo? Si igualmente para una máquina no existe lo ‘atrasado' ni el ‘proceso creativo' ni el ‘momento de análisis de una obra', son en cambio puros ceros y unos).
En fin, poco antes de que se cumpla un año de mi última publicación aquí, quería venir y escribir mis pensamientos y sentires. Decirles que estoy bien y también que necesito un oído que escuche. Un/a compañero/a para analizar obras literarias. Un/a conocido/a que me recomiende un disco o una pintura o una obra de teatro. Necesito el diálogo porque, como Julieta Venegas, “siento que hay en mí algo que está cambiando", y todo cambio es aterrador. Tener a alguien del otro lado hará todo más ameno y, a la vez, materializará la posibilidad de crear comunidad junt@s ❤︎

Amo leerte y ver lo fiel que sos a tu arte, a tus ideas y tus principios.
ResponderEliminarYo te amo ♥
Sos mi mayor inspiración!! Aprendo siempre de vos, te amo 😘
EliminarHermosa reflexión, te mando mucha buena energía para la etapa que se viene 💗
ResponderEliminarGracias Almi 💗 Deseo lo mismo para vos!!
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